(pendiente el comentario del anfitrión antequerano)






En esta ocasión, la ruta no cumplió las expectativas, ya que varios días de lluvias pusieron los caminos impracticables, por lo que hubo que optar por la carretera aunque no nos guste. Seguramente eso y la previsión de lluvia para ese mismo día frenó la participación, pero aún así, la perspectiva del premio final, que lo merece de sobra, animó a que unos cuantos nos decidiésemos a salir en las condiciones que fuese.
En el momento de reunirnos en Azuqueca la cosa no pintaba mal y hasta parecía que iba a despejar, así que tomamos un cafelito para entrar en calor, decidimos la ruta y ya definitivamente animados, desmontamos las bicis. Sin embargo, en el momento de echar a rodar y, con esa manía que tienen de acertar los 'hombres del tiempo', empezó a chispear primero y a llover en condiciones después, y ya no lo dejaría en toda la mañana salvo el rato de la paradita intermedia.

Y la
otra parte, ya de regreso, a la búsqueda del níscalo. También esto se nos dio
bien y disfrutamos durante un buen rato, tanto de la búsqueda y la recogida como de un
agradable paseo por el monte. Qué gustazo da cuando los vas encontrando y además de buen tamaño!!
Con nuestro
botín y ya siempre cuesta abajo, emprendimos camino de vuelta para completar la
jornada con un buen homenaje: ensaladas completas, una buena ración de parrilla
con pancetita y chorizo de aperitivo y chuletas a granel después, sin faltar
algunos níscalos para ver si habíamos cogido de los buenos, y unas botellitas
de buen vino para que pasase todo.
Aprovechó el grupo la buena nueva - Los Tocapedales al completo : Ado, Pep, Pac, Pak, Teo, Pol, Eug, Nat, Cho y Vic - para rendirle un sincero sincero sincero homenaje por los muchos servicios prestados en su dura tarea de apoyo y por la nuestra disposición de los suyos vehículos en todos los nuestros viajes. Consistió el agasajo en un fenomenal martillo eléctrico para sus quehaceres diarios de albañilería, una elegante y juvenil parka para los días fríos del invierno, y una metopa (muy del gusto militar) con unas sentidas palabras reflejando las gratitudes y a los agradecidos.
Nos instalamos en la casa de Seo, situado en el chic-barri de la Magdalena. Llegando sin tiempo para más acoplamientos, salimos a hacer la compra a un catalanosuper cercano, pista sobre la opción elegida para el resto de los días, del avituallamiento diario en comú. No os asustéis si os digo que todavía ahora llevo chocolatinas de las que compró Poli allí.
Paramos un rato en la cumbre pirenaica a recibir el premio del paisaje. Había gente al rovellón pues suben desde la estación, a la que se llega por una pequeña bajada que desemboca en una gran área con divertimentos varios. Nosotros buscamos el de comer y lo encontramos en demasía.
Hacia el valle se manifiestan sus 2600m y da su cara rocosa de piedra escarpada. Por detrás no se ve tanto desnivel, está sembrado de pueblos de montaña por los que discurre el tramo de la mítica ruta de MTB “Transpirenaica”, que algunos pensaron en la posibilidad de recorrer algún día. Viene de la comarca de la Cerdaña y se dirige hacia el siguiente valle, el de Sort y el Noguera Pallaresa, donde existen además de loterías otras posibilidades biciclistas apabullantes que son ya de otro capítulo.
Subimos por el alto de La traba hasta Adraén, Fórnols, Cornellana y Tuixent donde una educada señora nos sirvió un menú típico, después de comer nos dimos la vuelta. Fue un recorrido duro, con mucha carretera y largos puertos, a mí se me atragantó bastante, el resto del grupo fue muy bien sorprendentemente, incluso Poli. Se terminó la ruta con la bajada desde el mirador de La traba hasta Seo, 15 km de curvas y de adelantamientos continuos de unos y otros, que según me contaron se disfrutó bastante.
Bordeamos la playa y casi sin darnos cuenta se despliega ante nosotros la playa de Traba, que atravesamos por unas pasarelas de madera sobre la denominada laguna de Traba, espacio natural rico en fauna y vegetación. La leyenda dice que bajo esta laguna se encuentra la ciudad de Valverde, hundida por el Apóstol Santiago por desoír las enseñanzas de éste.
Seguimos por unos caminos casi imaginarios sobre las rocas del borde del mar hasta llegar a Camelle, pueblo marinero que dicen surgir del asentamiento de marineros vascos en búsqueda de ballenas, donde nos acercamos a ver la antigua morada de la leyenda local, Man, el alemán de Camelle, escultor y ermitaño que construyó en las rocas una casa-museo dedicada a la naturaleza y al mar. Desde allí y sin dejar de bordear el mar pasamos junto a Arou, pequeño pueblo marinero rodeado de arboledas de pinares y eucaliptos, y comenzamos a subir la montaña hacia la aldea de Santa Mariña, desde donde nos encaminamos de nuevo al borde del mar, bajando hasta el cementerio de los Ingleses, última morada de los naúfragos del acorazado Serpent, uno de los peores naufragios de los que dieron nombre a esta costa, la Costa da Morte.
La leyenda dice que los habitantes de estas costas, de origen celta, eran algo sanguinarios. Por lo visto atraían a los barcos que en las noches de tempestad se acercaban a la costa buscando refugio, mediante sencillas artimañas simulando las luces de un pueblo. Los lugareños colocaban faroles en los cuernos de los bueyes y los situaban frente a alguna de las muchas zonas de islotes rocosos para que al acercarse los barcos chocaran contra ellos y zozobraran. La mar en su tempestad arrojaba luego a la costa el producto de la su carga y los desalmados obtenían un sangriento botín. Pero es solo una leyenda que se repite por toda la costa celta, vasca, normanda e irlandesa. Es por esto que en muchos mapas figurativos se representa a esta “Costa da Morte” con un candil sobre una cabeza de buey.

Así pues, por primera vez sin prisa, ya que teníamos el destino a poco más de dos horas y en un sólo vehículo porque en esta ocasión fallan dos colegas, salimos cerca del mediodía con intención de parar antes de llegar a Burgos, en cualquiera de los sitios donde se puede disfrutar de un estupendo lechazo. Y cómo no, con el infalible olfato de Víctor, paramos cerca de Aranda y disfrutamos de una excelente y agradable comida. Y a buen precio, aunque eso lo corregimos enseguida tomando el gintonic en el parador de Lerma, donde nos arreglan el 'fondo'.
La previsión es de bastante frío, así que no madrugamos mucho y salimos a las 9 y media, después de un buen desayuno. Con 2 graditos nos dirigimos a la "Legua 0", punto de inicio del camino, a poco más de un km. de la casa rural. Fotos de rigor y en marcha hacia Burgos, primer punto importante. Con algunas dudas hasta centrarnos con las nuevas marcas, desvíos y demás, en una hora estamos allí, pero perdemos bastante tiempo entre llegar a la catedral, sellar y salir de la ciudad de nuevo. Ya empezamos ...

Esto y lo tocados que algunos llegaron ayer, hace que unos se decidan rápido y a los más animados no haya que insistirles mucho, para que carguemos las bicis en el carro y hagamos jornada de turismo por la zona viendo lo que nos dejamos ayer, y luego la ruta en coche.
Ya en Covarrubias hacemos un recorrido por sus sorprendentes y cuidadas calles medievales, la iglesia de Santo Tomás, el torreón, la Colegiata, la muralla junto al Arlanza ... por supuesto con las debidas paradas para degustar los vinos y tapas de la zona, e incluso visitamos una pequeña bodega, que muy amablemente nos enseña su dueña, probando (y comprando) sus vinos. También nos recomendó donde -Casa Galín- y qué comer -olla podrida- y tanto lo uno como lo otro fue un acierto total y comimos magníficamente. Lo dice Víctor: hay que preguntar!!
Nos ponemos de nuevo en marcha y hacemos parada en Peñaranda de Duero, otro bonito pueblo que merece visita, con una iglesia, varios palacios y un castillo impresionantes y muy bien conservados. Compra para la cena que de nuevo se va a currar Paquito, y a buena hora estamos ya en Castillejo de Robledo. Mientras unos descargan y organizan la distribución en la casa otros lavan las bicis para el día siguiente, y ya instalados nos disponemos a disfrutar de las estupendas tortillas, morcilla y ensaladas que ha hecho nuestro improvisado pero profesional cocinero de ruta. Vaya chollo tenemos con él. Unos gintonics caseros entre charla y tele, comentando lo acertado y aprovechado que nos ha salido el día, y a dormir que mañana sí hay ruta.
Tras los primeros 30 km, llegamos a San Esteban de Gormaz. Breve recorrido por sus calles y subida hasta la iglesia de Ntra.Sra. del Rivero, que terminamos con la obligada cervecita, hoy para refrescar que el calor aprieta lo suyo. De nuevo en ruta vamos largo rato junto al Duero, camino de otra importante localidad: Burgo de Osma. Visitamos la monumental catedral, centro histórico y Plaza Mayor, que al ser domingo, hora del vermú y con un tiempo veraniego, presenta un ambiente muy animado en los muchos bares y terrazas. Por supuesto no perdemos la ocasión, menudos somos nosotros para estas cosas, y nos sumamos a disfrutar de unas cervezas frescas y alguna tapita rica. Tampoco mucho porque llevamos los restos de la cena en las mochilas, vino incluido, para comer en el camino, y no es cuestión.
Seguimos la marcha y un poco más adelante, junto a la fuente del pequeño pueblo de Vildé, hacemos la parada y damos buena cuenta de la tortilla, morcilla, chorizo y demás, con unos tragos de vino y agua fresca de la fuente, mientras Teo cruza charla y bromas con unos paisanos. Desde aquí, el camino se dirige a Gormaz, cuyo impresionante castillo llevamos viendo de vez en cuando desde hace ya bastantes kms. La ruta no pasa por el pueblo, pero Teo y Paquito en un alarde de energía suben hasta él y de allí hasta el castillo, apretándose una subida considerable.
Últimas morcillas y chorizos de la compra, todo rico, rico, la cerveza fresca y hasta chupito de Lagavulin, y nos disponemos a atacar los 17 kms restantes, aunque Poli tentado por la visión del carrito y el coche y Paquito porque se niega a arreglar de nuevo el pinchazo, deciden que para ellos ha acabado allí el camino. El resto, retomamos la ruta por un amplio llano y con el próximo pueblo, Romanillos de Atienza, en el horizonte. El último tramo nos castiga un poco, con continuas subidas, suaves pero de mal firme, con mucha gravilla que lo hace más duro, pero que discurre por un entorno espléndido. Un rato después avistamos por fin Atienza y su majestuoso castillo desde un alto; después de admirarlo unos minutos y hacer algunas fotos, nos lanzamos a liquidar el último trecho, que acaba en fuerte subida ya por las calles hasta la plaza del Trigo, donde acabamos la aventura. Aunque Teo, como siempre, y alguno más que le acompañamos en esta ocasión, rematamos la faena subiendo hasta el famoso agujero en la muralla y luego al castillo.
Cervecitas reglamentarias, ya con la satisfacción del trabajo hecho, las burras al carro, sellado de salvoconductos y camino de casa, bastante satisfechos de esta nueva Gran Ruta, verdaderamente atractiva.
Anécdota: en la tarde anterior acompañamos al Pakito a Mercadona, en la foto podemos apreciar la paciencia mantenida por alguno, dónde se compró unos tomates y un surtido de quesos……?? Se metió en el hotel a eso de las 20,00h y ya no lo volvimos a ver más……? Según dicen salió a las cuatro y media de la mañana hacia Alcalá,………¿ habrase visto tío raaro, raaro,…. ¡!que pedazo de Maricón ¡!!